¿No se supone?

Se supone que tengo que ser feliz, que no tengo de que quejarme y que la vida siempre ha sido buena onda conmigo. Si ese es el caso ¿por qué me siento tan de la mierda todos los días? ¿No se supone que tengo que ser feliz? Se supone que por tener coche, ir a una universidad bonita (y fresa), ser blanco, alto, guapo, no sufrir económicamente y para colmo tener una familia que “me apoya”, ya debería ser feliz y no tener de qué quejarme. Pero no es así, todos los días la tristeza y la melancolía rondan por mi cabeza y las ideas de sentirme inútil son latentes en mi mente. Ah, pero se supone que tengo que ser feliz. La vida no se ha portado tan buena onda como todos juran y hasta dan por hecho. Ja, ilusos, no saben las cosas que todos los humanos sufrimos. Mis papás se divorciaron cuando yo tenía 9 años, me cambiaron de escuela contra mi voluntad a una donde, además de recibir bullying, no era del agrado de mis compañeros. Sufrí la ausencia de mis dos padres, en tiempos distintos pero largos en su momento y el constante trauma de querer superar mi timidez y a la hora no poder hacerlo siempre me pesó, eso entre otras cosas que me da hueva mencionar. Nunca faltan los puristas positivos que apelan a que debo levantarme cada que me pasa algo “indeseable” que es nuestra condición como seres humanos el superar las cosas y no tropezarte con las piedras y baches que hay en el camino. ¿Pero qué acaso no se han preguntado? ¿Qué acaso nadie puede entender que en el fondo me gusta estar triste, melancólico y sin grandes motivaciones? ¿Acaso nadie lo cree posible? Ah, pero es que se supone que debo ser feliz. ¿Pero por qué debo serlo? ¿Por qué es una obligación? Hay personas que les funciona ser felices 24/7, andar positivas, decir que están en control de todo, es más, hasta decretan al universo que sólo les van a pasar cosas buenas, está bien adelante, sean felices, si es que eso es lo que les llena. Pero no todos necesitamos de una sonrisa y de una actitud positiva para vivir. No se empeñen en hacerme sentir feliz, no bajo sus estándares. Me basta con saber que hay al menos unas pocas personas a las cuales les importo y que el Arsenal juega cada fin de semana, de ahí en fuera venga la tristeza, venga la melancolía, en una de esas y son ellas las que me terminan haciendo “feliz”.

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