Esos ojos…

Esos ojos, esos ojos. Recuerdo perfectamente aquella vez que vi esos ojos, primera y única, un momento que no voy a olvidar. Jamás había sentido una mirada como aquella que tuve la dicha de ver en esa fría noche de invierno del 99. Vivía yo en Praga, una ciudad que a mi parecer es hermosa, la famosa París de oriente y fue justamente en un largo y ancho puente donde abajo yace El Vlitava fue donde vi esos ojos. Había sido un día muy difícil y cansado, finanzas, pagos, cobros, clientes, en fin, ya saben, uno de esos días, eran cerca de las 9:00 de la noche y la niebla asentaba cada vez más, caminaba por el puente que recorría todos los días para llegar a mi casa, era muy complicado ver a más de cinco metros de distancia, el caminar se hacía monótono y la luz de los faroles alumbraba pobremente pero todo cambió de repente, caminando por aquel ancho puente, vi a una mujer recargada sobre el borde viendo hacia la nada, no se movía, la niebla la rodeaba pero era distinguible su figura y su extraña fijación al horizonte. ¿Qué pensaba? No lo sé, ¿Qué veía? Tampoco sabría responder, sólo sentí una fuerte atracción, pero no era una atracción de carácter sexual era como si un imán me arrastrara unos pocos metros más adelante donde ella se postraba de forma sublime. No sé cuánto tiempo pasó, me perdí en un espacio sin tiempo, en eso ella volteó y me miró fijamente. Los recuerdo, ¡Dios mío! ¡Qué ojos! Esos ojos, esos ojos, ojos grandes, hermosos y grises como la niebla pero más relucientes que el faro que alumbraba débilmente, ojos rodeados por unas hermosas y largas pestañas negras, que se alzaban como haciendo reverencia ante tal gozo visual del cual yo era víctima, sin embargo el espectáculo eran sus ojos, no solamente eran bellos físicamente, había algo más que me atraía, algo más que no me dejaba despegar mi mirada de la suya, esos ojos reflejaban tristeza y desesperación a la vez, ojos que preguntaban, que pedían respuesta, que temían, ojos que pedían ayuda, ojos perdidos, pero de repente para mi sorpresa y estupefacción sobre esa frívola mirada se alzó otra que opacó a la anterior, fue como si al verme todo cambiara, como si sus miedos de esfumaran como si supieran la respuesta de las cosas, como si hubieran encontrado un camino, sus ojos ya no reflejaban tristeza, reflejaban satisfacción, ya no temían, no había duda en ellos, me mostraban compasión, más no alegría, algo tenían esos ojos. Perdí la noción del tiempo, no sé si pasaron segundos, minutos u horas, no sé que pensó aquella mujer de la cual no recuerdo nada más que sus ojos, pero todas las noches al cerrar los míos, sólo puedo ver una cosa en la oscuridad, esos ojos, esos ojos…

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